Una fiesta que se vive doble
Para quien vive lejos, el Día de Muertos tiene dos capas. Por un lado, es una forma de seguir conectado con tus raíces y de enseñárselas a tus hijos, que quizá nunca han ido al panteón de tu pueblo. Por otro, es una fecha que recuerda todo lo que dejaste: a los que murieron sin que pudieras despedirte y a los que siguen vivos y no ves desde hace años.
Ambas cosas pueden convivir en la misma ofrenda. No tienes que elegir entre celebrar y estar triste.
La ofrenda como puente
Una ofrenda lejos de casa puede ser también una forma de acompañar a tu familia: hacerles una videollamada mientras la montas, pedirles que te manden fotos del altar del pueblo, preguntarle a tu mamá cuál era la comida favorita del abuelo para prepararla igual. Muchos niños nacidos aquí aprenden de sus abuelos justo en esos momentos.
Si este año perdiste a alguien y no pudiste viajar, la ofrenda puede ser tu despedida. Pon su foto, su comida, una carta con lo que no le dijiste. Te hablo de ese duelo en el texto sobre no poder viajar al entierro.
Cuando la fecha remueve otras pérdidas
A veces el 2 de noviembre no solo trae a los muertos. Trae la vida que dejaste: el pueblo, la casa de tus papás, la persona que eras antes de emigrar. Es frecuente que en estos días aparezcan preguntas que estaban dormidas: si valió la pena, si deberías volver, si tus hijos van a perder sus raíces.
Esas preguntas merecen pensarse con calma, no en una noche de nostalgia. Pero tampoco hay que taparlas.
Si tus hijos nacieron aquí
Para muchos niños mexicoamericanos, el Día de Muertos llega primero por la escuela o por las películas, antes que por la familia. Es una oportunidad bonita: montar la ofrenda con ellos y contarles quién era cada persona de las fotos convierte una tradición en algo propio. Pregúntales qué pondrían ellos, qué le gustaría al bisabuelo que no conocieron. Así la memoria de la familia pasa de una generación a otra aunque estén lejos del pueblo.
Si tus hijos se avergüenzan un poco de estas costumbres, sobre todo en la adolescencia, no lo tomes como rechazo. Muchas veces lo recuperan de adultos, y lo que recuerdan es haberlo vivido en casa.
Ofrendas comunitarias
En muchas ciudades de Estados Unidos hay ofrendas comunitarias en museos, parroquias y centros culturales: el National Museum of Mexican Art en Chicago, las celebraciones de Olvera Street en Los Ángeles o del Mission District en San Francisco, entre otras. Ir con la familia puede ser una forma de vivir la fecha acompañados, sobre todo si en casa no hay espacio o si este año el duelo pesa demasiado para montar el altar solos.
Si este año pesa el miedo
Este otoño, con los operativos migratorios, algunas familias dudan si ir a celebraciones públicas. Es una decisión personal. Si prefieres quedarte en casa, una ofrenda pequeña y una videollamada con la familia del otro lado pueden ser igual de significativas. Lo importante no es el tamaño del altar, sino lo que representa.
Lo que yo no hago y lo que sí
No hablo con los muertos ni te traigo mensajes del más allá. Lo que sí puedo hacer en una lectura es acompañarte con lo que esta fecha te remueve: un duelo que no se cerró, la culpa de estar lejos, la decisión de volver o quedarte. Las cartas ayudan a poner orden y a ver qué necesitas tú para seguir.
La Sesión de Diagnóstico dura 45 minutos por llamada de voz, en español, desde donde estés.
